No me digas lo que quieres,
que te entiendo pero me hago loco.
Traes por antifaz una sonrisa,
me hablas de todo y de nada
mientras me coqueteas un poco.
Tu eres mi bella desconocida,
yo soy tu extraño.
Y la vida puede seguir asi,
tu con la tuya yo con la mía.
Y aunque deje pasar la tentación,
todos los días me acuerdo de ti.
Puedes ahorrarte los mil besos
que tiene para tu boca este vago.
Y Tu siendo lo que eres, una Princesa,
puedes apelar a la decencia
y fingir que me quieres para amigo,
mientras me ofreces un guiño
o tocas mi rodilla bajo la mesa.
Nunca serás mas hermosa que este día,
mi trabajo es hacer que lo sepas.
Y no te pido ni te ofrezco nada,
asi que disfruta la travesía, Princesa.
sábado 6 de febrero de 2010
sábado 16 de enero de 2010
Cadernal domesticado.
¿Haz encerrado a un Cadernal salvaje?
Yo fuí uno.
Se golpean contra la jaula hasta morir.
Contra la pared me herí,
pero rayando en la muerte
me resigné en mi viaje,
acepté mi destino
y desistí.
Hoy recordé a un hombre joven
que retaba al futuro con insolencia
capaz de desatar avalanchas,
brioso, lleno de energía.
Hoy recordé el muchacho de dieciseis
y sentí nostalgia.
Bendita hambre de vivir.
Bendita ignorancia.
Maldita realidad,
que me haz puesto en mi lugar,
y me hiciste sentir ternura por mi.
¿Cómo pensé que podría con tal conquista?
No lo sé,
debió ser mi esperanza insolente.
Ya se han acumulado las derrotas,
el destino me ha golpeado y me ha dicho:
"tú no vas para allá, aquí te quedas".
Que duro aceptar lo que no puedes.
Que duro cuando te detienes a pensar
que eres todo un acertijo
y no sabes si pediste demasiado
o si es poco con lo que te conformas.
Qué duro fué hoy al despertar,
verme en el espejo,
y hacer el recuento de los daños.
Que duro aceptar
que soy un Cadernal domesticado.
Yo fuí uno.
Se golpean contra la jaula hasta morir.
Contra la pared me herí,
pero rayando en la muerte
me resigné en mi viaje,
acepté mi destino
y desistí.
Hoy recordé a un hombre joven
que retaba al futuro con insolencia
capaz de desatar avalanchas,
brioso, lleno de energía.
Hoy recordé el muchacho de dieciseis
y sentí nostalgia.
Bendita hambre de vivir.
Bendita ignorancia.
Maldita realidad,
que me haz puesto en mi lugar,
y me hiciste sentir ternura por mi.
¿Cómo pensé que podría con tal conquista?
No lo sé,
debió ser mi esperanza insolente.
Ya se han acumulado las derrotas,
el destino me ha golpeado y me ha dicho:
"tú no vas para allá, aquí te quedas".
Que duro aceptar lo que no puedes.
Que duro cuando te detienes a pensar
que eres todo un acertijo
y no sabes si pediste demasiado
o si es poco con lo que te conformas.
Qué duro fué hoy al despertar,
verme en el espejo,
y hacer el recuento de los daños.
Que duro aceptar
que soy un Cadernal domesticado.
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lunes 11 de enero de 2010
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